viernes, 16 de marzo de 2012

Ojalá, así sea


Un poeta pupilo del Maestro Ruvalcaba, una actriz argentina refugiada en este México, un inquilino de un cerro distante, un arquitecto con barbas rozándole el ombligo, una psicóloga quien resultó ser buena dibujante, una mujer que nada más no entiende el glamour rodeando a los escritores, si muchos, por andar persiguiendo sus sueños, se andan muriendo de hambre. Un político harto de la demagogia, una española amante del inglés y de sus letras, un editor que a su vez es cuentista. Admiradores de García Márquez, críticos severos de la prosa de Isabel Allende, espectadores de obras off Teatro de Insurgentes, porqué aquí en la Ciudad de México, por fortuna o por desgracia, no contamos con un Broadway ni de las obras lejanas a la avenida de los grandes teatros.

Esos, entre otros, son algunos de los integrantes de la selección del Instituto Nacional de Bellas Artes para el Diplomado en Creación Literaria impartido en una casa porfiriana de la Condesa, y entre esos otros personajes buscando darle salida a una historia, estoy yo: el comunicólogo egresado de la Ibero, el de lentes de pasta, pelo engomado, el de complexión tan gruesa como su voz, sin pómulos, con frente pronunciada, el imprudente interrumpiendo a las profesoras ocasionando en algunos risas y en otros carcajadas con los comentarios fuera de lugar además de irreverentes.

Siendo sincero, siempre quise saber como sería estar rodeado de escritores y no había podido, porqué a diferencia de otros oficios, éste suele ser muy solitario, y quienes pertenecen a este gremio, prefieren volverse ermitaños, refugiarse en sus cuevas y optan por no identificarse como lo que son: por pena, por no caer en la pretensión, por lo que sea.

Por lo tanto, nos es difícil encontrarnos, a los de nuestra generación, a quienes aún no gozamos de la fama ni el prestigio que en un futuro, si continuamos teniendo entre nuestras virtudes la constancia, llegará como ya les ha llegado a otros.

Quería estar entre ellos para saber si sus sueños, sus frustraciones, sus ideas, sus mareos, sus preocupaciones, sus obsesiones, son tan tontas como la de quitar o poner una coma y aquello los consume horas.

Para saber si soy uno. Si puedo convertirme en uno. Para saber si también escriben porqué quiere ver sus nombres plasmados sobre la portada de un libro ocupando un espacio en una librería junto con los de Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Ernest Hemingway, James Joyce, Oscar Wilde, Marcel Proust, Albert Camus, también, ¿Porqué no?, junto con los de Stieg Larsson, Stephen King y J.K. Rowling.

Si escriben porqué lo necesitan tanto como respirar, si escriben porqué las voces de sus conciencias se los exigen, si escriben porqué lo necesitan tanto como la arena necesita a las caricias del mar.

Ya veremos si es así… y ojalá, así sea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario