viernes, 6 de enero de 2012

Incertidumbres pisando los talones


Un año más se fue y ha empezado el nuevo como si las manecillas del reloj no avanzaran. Al parecer todo sigue igual, pero eso es una gran mentira, el mundo continua caminando a pasos agigantados y yo soy quien me he quedado estancado en la nada. Varios intentos de amores me pasaron frente a las narices, de ninguno quise agarrarme de su mano o ninguna cometió la estupidez de quedarse a hacerme compañía. La oportunidad de aplicar a un maestría en el extranjero, para huir de mis realidades, para dejar, lejos, muy lejos de aquí, al tiempo comerse los días en el calendario colgado en la cocina en un rincón donde nadie puede verlo, porqué es una tortura sentir a la muerte más cerca, no la hice mía por obedecer a mis temores. He escrito una novela, 465 páginas acerca del impacto de cada una de nuestras decisiones para acercarnos o alejarnos de nuestros sueños –obvio, entre líneas, intentando hacer una crítica severa a quienes optan por el segundo verbo– y no sé a donde vaya a llegar con aquella historia. Algunos días me parece grandiosa, pienso, es de lo mejor que alguien de mi generación ha creado, pero hay otros –se lo adjudico a mi voz interna, el milagro, por llamarlo de algún modo cuando estoy en mi sano juicio, de que no haya pasado– que estoy al borde de entregársela al olvido, de tirarla a la basura, tanto sus versiones impresas como digitales resguardadas en la esquina superior derecha de mi computadora; quizá se deba a que temo ser la antítesis de mi obra. Y así podría seguirme por un buen rato hablando de mis fracasos y de las incertidumbres pisándome los talones, incomodándolos, diciéndoles como soy, de mi nutrióloga, el peor de sus pacientes, de mi homeópata, quien resultó por azares de la vida ser mi padre, el más desobediente de los devoradores de sus glóbulos de azúcar, de mis compañeros del equipo de beisbol, el más distraído de los jardineros en la historia de la Liga Maya, de mis alumnos, en ocasiones, la impuntualidad hecha persona, de mi amigos, un loco entre otros locos y sus garabatos, y la causa de muchas de sus risas. Ahora bien, podría platicarles de mis triunfos y hasta donde podrían llegar mis aciertos obtenidos en los 365 días que se fueron, pero como dijo Marcelo, ese rufián con quien comparto los ciento y pocos metros cuadrados en donde detrás de una puerta se encuentra la cama donde duermo, prensado de un viejo bar de caoba cuando la cena de noche buena se estaba convirtiendo en borrachera: “Qué hueva dan los exitosos, de ellos mejor ni platiquen.”

Hace algunos días leí en el Twitter un mensaje echado al aire por una amiga, decía algo así: “If last year you didn´t cried of sadness or happiness, was a year wasted.” Es  muy cierto, si en ningún momento, uno no termina en los extremos, uno no se arriesgó en hacer alguna diferencia. Yo viví la mayoría de mi tiempo en ellos, y de cuando me partí la madre, porqué no hay otro modo de decirlo, no me arrepiento, pero si de esas veces cuando me quedé arraigado en la comodidad del punto medio.

P.D. Más vale tarde que nunca: Feliz Año. Y sí, uno de mis propósitos fue empezar este blog. Espero, les guste. 


1 comentario:

  1. LOL el quote de Marcelo es lo mejor...EVER!! U have something really cool going on here...congrats!!

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