Hoy es un día que vale la pena
festejar. Lástima que sea martes, que este mes haya optado por la abstinencia,
que si rompo con los convencionalismos y con las promesas hechas, en menos de
lo que canta un gallo, se aparezca la cruda moral a fastidiar hasta terminar
por echar a perder la fiesta.
Hoy terminé el primer
tratamiento de Catarsis, la primera
revisión. La alegría es enorme, es muy parecido a ver a un hijo dando su primer
paso, pronunciando su primera palabra, claro, me imagino es así, porqué aún no
tengo hijos y tampoco veo pa´ cuando. Es muy parecido a terminar una carrera,
ya sea de licenciatura o un maratón, a pasar un examen de manejo, a irse de
viaje cuando uno destina cada peso de sobra a esa empresa, a presentarse en un
recital de flauta para interpretar El
Cóndor Pasa después de meses de practicar una liberación sin atropellos.
Estoy muy contento, esa es la
verdad; hasta las palmadas en las espaldas podrían sobrarme, miento, nunca
sobran, pero ahora, en este justo momento, no me son indispensables. A mi
alrededor no hay nadie, estoy sólo entre cuatro paredes y quizá si grito, nadie
me escuche, entonces festejo de este modo, escribiendo, para que todos me lean,
para que todos me oigan, donde quieran y cuando sea.
P.D. Ya la próxima semana
regresaré a escribir los lunes.
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